Euforia.

Y Justo cuando estaba en el peor momento de mi vida, donde el hoyo no tenia techo de claridad, donde mi alma estaba inundada de un oleaje de oscuridad, donde me sentía perdida, donde no podía odiarme mas, apareció ella.

La llamaremos Euforia ( Prov griego: Fuerza para soportar), ella era una mujer de verdad, con las tangas bien puestas, chiquitica eso si, como me gustaba esa mujer…

Ella era fuego, ardor, picante, era la marea alta en pleno medio día, era deseo y pasión, era candela pura…

Solo ella tenía esa forma maravillosa de hacerme gemir tan fuerte y caer en el extasis profundo, en ese mar donde flotas y te dejas llevar por las olas y aún sintiendo que no podía estar en mejor lugar, ella me metía en otra dimensión donde solo veía colores fluorescentes que giraban y me mareaban, pero que bien se sentía. Ella sabía exactamente como, donde, cuando y por qué me besaba. Las noches duraban tan pocas horas que teníamos que robarle horas al alba, las heladas noches nos abrazaban y nos envolvían en el calor que emergía de nuestros cuerpos pidiéndonos cercanía, nuestras vaginas húmedas pedían ser penetradas y lamidas a gritos; vivíamos en un laberinto de placer en donde no deseábamos ser encontradas por nadie mas, y jugábamos a las escondidas para encontrarnos de nuevo en un beso húmedo, caliente, sincero; la realidad de nuestras noches era tan etérea e intangible como la arena entre los dedos, interminables como el amor verdadero

¡Qué fuera de este tiempo me sentía a su lado!

Pertenecíamos a otra galaxia, y éramos seres extraños que no sabían como vivir en este lugar, entonces decidíamos como vivirnos, fluíamos en nuestra propia sintonía, transformábamos el mundo y poníamos todo de cabeza si así se nos pegaba la gana.

Tristemente las mañanas pegaban tan fuerte como un golpe en la cabeza sobre el asfalto y nos abrazaba de nuevo la realidad de este puto mundo, aún cuando quisiéramos volver a cerrar los ojos para vivir en nuestra realidad paralela, ya no era posible; las mañanas casi siempre sabían a melancolía con whisky sin hielo, difíciles de tragar, secas, quemantes, y con ese indescriptible sabor a realidad que dura horas.

La realidad de poder pertenecernos se esfumaba minuto a minuto mientras que esa jaula que no permitía que mis demonios escapasen, se edificaba cada vez más, y me ponía de nuevo en ese maldito hoyo, donde solo ella sabía como recuperarme, pero donde yo volvía a perderme.


¿Y si te quiero con arte y sueños?
Publicado en amor.

2 comentarios en “Euforia.

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